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¿Cómo elegir el futuro profesor de idiomas de tu hijo?

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El mejor profesor para tu hijo

“Sí, tenía a un chico inglés que venía a casa. “

“Les ha dado clases una chica francesa, media hora a cada una. “

Estás son alguna de las respuestas de los padres cuando les preguntamos si han tenido algún contacto previo con el idioma al que quieren apuntar a sus hijos/as.
Aprovecho sus respuestas para intentar ayudaros a la hora de contratar a una persona para que dé clases a vuestros hijos.
 

Hablar un idioma no significa saber enseñarlo

 
Para garantizar un aprendizaje de calidad, primero tienes que saber qué hay que enseñar, según el nivel del conocimiento y de madurez del niño. Hay que tener una programación detallada de las clases y tener una metodología atractiva que le tenga motivado. Hay que construir capas de aprendizaje: no vale enseñarle la fruta en octubre y esperar que se la sepa en junio. Pero tampoco vas a estar enseñándole la misma fruta todo el año. 
Entonces, ¿cómo se consigue un buen resultado? 
 
La respuesta es siempre la misma: con una buena pedagogía. 
 
Y para tenerla, hay que cumplir simultáneamente varias condiciones:
– Tener un buen método
– Hacer seguimiento continuo de los resultados y adaptar el contenido
– Tener un profesor con vocación docente (sí, los hay ;))
 
Si alguna de estas tres falta, los resultados no serán los deseados y nos podemos encontrar con: 
 
1. Aprendizaje insuficiente o defectuoso. 
 
Algunos niños aprenden vocabulario suelto o conjugar verbos pero no se les enseña cómo comunicarse con naturalidad, por lo cual se acordarán de palabras pero no sabrán construir frases. 
Otros aprenden a hablar y escribir a la vez y, como no tienen una base estable, terminarán pronunciando mal las palabras simplemente porque la fonética no es la misma en español que en inglés o francés. Por lo cual, “un balloon” termina siendo “bayoon” y “une fille”, “une fiye”. 
Lo que también puede pasar es lo que os contaba antes, que haya un aprendizaje temporal que al final se olvide por no volver a utilizarlo nunca. 
Está bien poder decir “mi hijo/a se lo está pasando genial” pero hay que asegurarse que el aprendizaje sea el correcto. Cuesta más corregir algo que aprenderlo bien desde el principio.
 
2. Falta de deseo para acudir a las clases o de participar estando dentro. 
 
Esta situación puede aparecer cuando el nivel del contenido enseñado está por encima o por debajo del nivel del alumno. Por un lado puede causar aburrimiento y falta de atención y, por el otro, frustración y miedo a participar. Y no queremos que eso pase ¿vedad?
 
3. Falta de seguimiento del aprendizaje
 
Hay que saber si estamos consiguiendo lo propuesto y para eso no es obligatorio realizar tests. A veces, la emoción y el estrés ante un exámen hace que el resultado no sea el real. Lo que hay que hacer es estar siempre pendiente de los niños, ver cómo y cuánto participan, qué aprenden rápido y qué no y qué ritmo necesita cada uno. Lo que unos aprenden en una semana, otros lo hacen en dos: es muy importante que cada uno tenga la oportunidad de poder aprender. Y para eso, el profesor tiene que tener paciencia y ofrecer apoyo en todo momento. 
 
Hay muchas cosas que tener en cuenta para tener clases de calidad. Pero creemos que es mejor que hagáis un filtro teniendo en cuenta todo lo anterior antes de contratar un profesor que os ofrezca un servicio que no tiene valor o no funciona. 
 
¿Y tú? ¿Te preocupas por el valor de las clases y te importa invertir el dinero y el tiempo de tu hijo/a de la mejor manera posible? 
Si es así, ¡enhorabuena! Tu hijo/a te lo agradecerá en el futuro 😉
 
 
Para cualquier duda sobre el post, contacta con nosotros. Estaremos encantados de ayudarte. 🙂
 
 
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